mob bandeau

Visite Virtuelle ES

Descubrir

04En Sainte-Engrâce, un lugar indómito y espectacular

La garganta de Kakueta está considerada como uno de los parajes más salvajes y prestigiosos de Europa. Esta zona natural protegida es un paraíso para los senderistas y amantes de la naturaleza.

La garganta de Kakueta, abierta al público desde 1966, sorprende al visitante, en primer lugar, por su belleza: un lago de color turquesa, un desfiladero, una cascada de más de 20 m, vertiginosas paredes rocosas que el agua fresca hace relucir, una vegetación exuberante… Pero ¿dónde estamos? ¿En el Amazonas? ¿En una isla tropical? ¿En un recóndito país desconocido?
En esta comarca de Haute-Soule, los únicos que solían recorrer estos empinados y escarpados senderos eran los contrabandistas.  Hasta que la audacia de un apasionado espeleólogo, Edouard-Alfred Martel, le empujara a adentrarse, a principios del siglo XX, en este laberinto de rocas y grietas. Antiguamente, los campesinos bajaban el trigo desde las cimas de los acantilados hasta el molino de agua situado a la entrada de la Garganta de Kakueta (un molino que desapareció durante la riada de 1937), y subían, de vuelta, los sacos de harina por el mismo camino.

Algo más allá, el pueblo de Sainte-Engrâce conserva la autenticidad típica de los pueblecitos de Haute-Soule en la montaña vasca. Su iglesia románica es una joya arquitectónica del siglo XI.

No muy lejos, la cavidad de La Verna es una atracción excepcional para los aficionados a la espeleología. Se trata de una de las salas subterráneas más grandes del mundo accesibles al público.



El paso de Kakueta y los paqueteros de Sainte-Engrâce

Este paso fronterizo entre Francia y España se convirtió, durante la Segunda Guerra Mundial, en sinónimo de libertad para numerosas personas que huían de la zona ocupada.  Los pastores vascos, perfectos conocedores de la escarpada zona, se convirtieron así en guías que arriesgaban sus vidas ayudando a otros a esquivar patrullas alemanas.
Durante el día, los fugitivos se escondían en granjas y caseríos para cruzar, de noche, la frontera con España. Todo ello, gracias a estos guías invisibles.
Una familia de Sainte-Engrâce ha encontrado cartas fechadas en 1945, que fugitivos llegados a España enviaron al abuelo, que les ayudó a cruzar. En una de ellas se puede leer: "Estuve en su casa con otros tres camaradas. Dejamos todos nuestros documentos de identidad escondidos en su granja, cerca del tejado, bajo la primera piedra al lado de la entrada." El abuelo contaba que había encontrado los papeles y vuelto a ver a 2 de aquellos hombres…



cascade

Aquí, la naturaleza ofrece un espectáculo sobrecogedor

Para aventurarse a ascender sus vertiginosas y resbaladizas paredes se necesita ser un escalador bien equipado y entrenado. Alcanzan 2.000 m de longitud y profundidades que oscilan entre 30 y 350 m con pasos, como el llamado "gran estrecho", en el que ambas paredes del desfiladero están apenas a unos cuantos metros de distancia. Desde el balcón suspendido se puede admirar el hermoso lago de color turquesa.

El sendero habilitado está adosado a un flanco del desfiladero, formado hace más de 80 millones de años. En esta hoz, uno se siente en otro mundo: da la impresión de que estemos en una pequeña Amazonia de latitudes templadas. El agua surge a través de la roca, procedente de no se sabe dónde, y la frondosa vegetación confiere a este paisaje singular una belleza indómita.

Al llegar al final del recorrido habilitado, tras de 1 a 2 horas de marcha, el espectáculo que ofrece la cascada de unos 20 m de altura recompensa todos los esfuerzos. No muy lejos de allí, la cueva del lago ofrece un impresionante espectáculo de estalacticas y estalagmitas gigantes.

De paso, el paseante se deleita con olores desconocidos y una vegetación exuberante. La humedad del bosque favorece la proliferación de helechos, saxígrafas y escolopendras. En determinadas estaciones, se pueden admirar aguileñas azules, adormideras marinas y geranios granates.  Al levantar la vista no es difícil encontrar buitres y, si sabe uno ser discreto, podrá ver algún desmán ibérico, pequeño mamífero insectívoro con un largo morro en forma de trompa. Y, si se tiene suerte, quizá se pueda ver algún ejemplar de esa rara especie protegida y emblemática de los Pirineos: el quebrantahuesos.
 


Schema parcours

Descubrir

04En Sainte-Engrâce, un lugar indómito y espectacular

La garganta de Kakueta está considerada como uno de los parajes más salvajes y prestigiosos de Europa. Esta zona natural protegida es un paraíso para los senderistas y amantes de la naturaleza.

La garganta de Kakueta, abierta al público desde 1966, sorprende al visitante, en primer lugar, por su belleza: un lago de color turquesa, un desfiladero, una cascada de más de 20 m, vertiginosas paredes rocosas que el agua fresca hace relucir, una vegetación exuberante… Pero ¿dónde estamos? ¿En el Amazonas? ¿En una isla tropical? ¿En un recóndito país desconocido?
En esta comarca de Haute-Soule, los únicos que solían recorrer estos empinados y escarpados senderos eran los contrabandistas.  Hasta que la audacia de un apasionado espeleólogo, Edouard-Alfred Martel, le empujara a adentrarse, a principios del siglo XX, en este laberinto de rocas y grietas. Antiguamente, los campesinos bajaban el trigo desde las cimas de los acantilados hasta el molino de agua situado a la entrada de la Garganta de Kakueta (un molino que desapareció durante la riada de 1937), y subían, de vuelta, los sacos de harina por el mismo camino.

Algo más allá, el pueblo de Sainte-Engrâce conserva la autenticidad típica de los pueblecitos de Haute-Soule en la montaña vasca. Su iglesia románica es una joya arquitectónica del siglo XI.

No muy lejos, la cavidad de La Verna es una atracción excepcional para los aficionados a la espeleología. Se trata de una de las salas subterráneas más grandes del mundo accesibles al público.



El paso de Kakueta y los paqueteros de Sainte-Engrâce

Este paso fronterizo entre Francia y España se convirtió, durante la Segunda Guerra Mundial, en sinónimo de libertad para numerosas personas que huían de la zona ocupada.  Los pastores vascos, perfectos conocedores de la escarpada zona, se convirtieron así en guías que arriesgaban sus vidas ayudando a otros a esquivar patrullas alemanas.
Durante el día, los fugitivos se escondían en granjas y caseríos para cruzar, de noche, la frontera con España. Todo ello, gracias a estos guías invisibles.
Una familia de Sainte-Engrâce ha encontrado cartas fechadas en 1945, que fugitivos llegados a España enviaron al abuelo, que les ayudó a cruzar. En una de ellas se puede leer: "Estuve en su casa con otros tres camaradas. Dejamos todos nuestros documentos de identidad escondidos en su granja, cerca del tejado, bajo la primera piedra al lado de la entrada." El abuelo contaba que había encontrado los papeles y vuelto a ver a 2 de aquellos hombres…



cascade

Aquí, la naturaleza ofrece un espectáculo sobrecogedor

Para aventurarse a ascender sus vertiginosas y resbaladizas paredes se necesita ser un escalador bien equipado y entrenado. Alcanzan 2.000 m de longitud y profundidades que oscilan entre 30 y 350 m con pasos, como el llamado "gran estrecho", en el que ambas paredes del desfiladero están apenas a unos cuantos metros de distancia. Desde el balcón suspendido se puede admirar el hermoso lago de color turquesa.

El sendero habilitado está adosado a un flanco del desfiladero, formado hace más de 80 millones de años. En esta hoz, uno se siente en otro mundo: da la impresión de que estemos en una pequeña Amazonia de latitudes templadas. El agua surge a través de la roca, procedente de no se sabe dónde, y la frondosa vegetación confiere a este paisaje singular una belleza indómita.

Al llegar al final del recorrido habilitado, tras de 1 a 2 horas de marcha, el espectáculo que ofrece la cascada de unos 20 m de altura recompensa todos los esfuerzos. No muy lejos de allí, la cueva del lago ofrece un impresionante espectáculo de estalacticas y estalagmitas gigantes.

De paso, el paseante se deleita con olores desconocidos y una vegetación exuberante. La humedad del bosque favorece la proliferación de helechos, saxígrafas y escolopendras. En determinadas estaciones, se pueden admirar aguileñas azules, adormideras marinas y geranios granates.  Al levantar la vista no es difícil encontrar buitres y, si sabe uno ser discreto, podrá ver algún desmán ibérico, pequeño mamífero insectívoro con un largo morro en forma de trompa. Y, si se tiene suerte, quizá se pueda ver algún ejemplar de esa rara especie protegida y emblemática de los Pirineos: el quebrantahuesos.
 


Schema parcours